Liquen

El liquen no es una planta, es un pacto: un hongo y un alga que viven juntos porque por separado no durarían nada, y que se instalan justo donde nada más crece, en la piedra desnuda. Liquen mira la ciudad con esos ojos. Las fachadas de oficinas y viviendas se reblandecen, se curvan y se cierran sobre sí mismas hasta formar manchas que parecen haber crecido solas sobre el blanco. Dentro, ventanas, balcones y reflejos se enredan como un ecosistema que se alimenta de sí mismo y no necesita a nadie más. Cada pieza funciona, pero ninguna toca a la de al lado. La ciudad ya es nuestro paisaje natural, y nosotros, los que la habitamos intentando no ahogarnos.