Envolturas
La piel es la primera envoltura; el paisaje, la última. Entre una y otra median el agua, el aire y la tierra. En esta serie, cuerpo y paisaje comparten una misma membrana: el lugar donde lo de dentro y lo de fuera se tocan y se intercambian.
El torso desnudo de un niño se desdibuja con el movimiento contra un fondo pálido, como si su contorno aún no estuviera fijado. Sobre la piel de brazos y piernas corren líneas de tinta que evocan raíces, venas o grietas. Fuera del cuerpo, el mismo trazo cambia de escala: un cielo pálido sobre el mar, un remolino de agua y espuma visto desde arriba, un avión entre nubes, un hueco en la arena, una sombra humana tendida sobre la roca con los brazos abiertos, un islote en un mar gris, una piedra de tonos verdes bajo el agua.
Me interesa ese gesto que se repite a distintas escalas: lo que en la piel es una vena, en la roca es una grieta; lo que en el cuerpo es un poro, en la arena es un hueco. Fotografío los bordes, esos lugares de ósmosis, de penumbra y de desenfoque donde no se sabe bien dónde termina uno y dónde empieza lo demás.
La serie se expuso en el Atelier de Fotografía de A Coruña.