Arde

Hay una edad en la que el cuerpo cambia antes de que uno sepa qué hacer con él. Arde se queda en ese umbral, cuando las preguntas empiezan a sonar más fuerte que las respuestas y lo que antes era obvio deja de serlo. Los retratos se desdoblan, como si el rostro aún no hubiera decidido cuál quiere ser. Entre ellos asoman pájaros, un águila, medusas, una piel que parece roca: el animal que llevamos dentro y que alguien, tarde o temprano, tendrá que dejar salir. Crecer es aprender a manejar el fuego sin apagarlo. Lo difícil es que nadie avisa de que quema.